Agricultura y conocimiento

mayo 4, 2009 § Deja un comentario

 

Incluyo un artículo escrito por Gabriel, un amigo.

 

Agricultura y conocimiento

 

Si tan solo cada uno de nosotros comenzara a pensar por sí mismo, en forma crítica y despejada, y a esto sumara el atreverse a imaginar el mundo de una forma más creativa y alejada del miedo, creo, sin lugar a dudas, que viviríamos en un paraíso terrenal.

 

Hoy existe un “virus” que nos aqueja a todos, no es el dengue hemorrágico ni la gripe porcina.  El “virus” es mental.  Los síntomas de éste son los que crean las circunstancias de nuestros problemas en todas las escalas de la organización social.  Este “virus” nos hace adaptarnos a una forma de vida y a una escala de valores que se opone al mejoramiento real de las condiciones de vida necesarias para un adecuado desarrollo de cada uno de nosotros como seres humanos completos y como comunidades y sociedades sanas viviendo en verdadera colaboración.

Uno de estos síntomas que nos afecta a escala social e individual es establecer el rédito económico como punto de partida de la planificación de nuestra vida y por ende de nuestro comportamiento cotidiano.

En algún momento de la historia se tomó al dinero como representación de los bienes para un mejor intercambio.  Hoy el dinero se ha transformado en un bien en sí mismo, y su consecución en un objetivo en sí mismo, habiendo ocupado el lugar de la búsqueda del bienestar y del desarrollo integral de la persona como prioridad.

 

Orientando esta perspectiva a la alimentación y producción de materias primas, el análisis sobre la agricultura basada en las semillas transgénicas junto al glifosato toman un matiz diferente. 

Hoy domingo 3 de mayo leí varias notas en algunos diarios del país.  En ellas encontré dos posturas bien diferenciadas.  Por un lado aquellos que defendían los niveles de producción con el sistema agrícola propuesto por Monsanto y otras empresas multinacionales utilizando el monocultivo a partir del uso de semillas tratadas genéticamente.  Estas semillas pueden sobrevivir al químico Glifosato utilizado para preparar la tierra como insecticida.  Además la genética de estas semillas están patentadas por estas empresas.  En sus posiciones se mostraban alarmados por el posible perjuicio sobre la producción que acarrearía el prohibir el Glifosato, aludiendo que podría perderse hasta un 50% de producción y atrasarnos en el desarrollo agrícola unos 20 años.  Este es el sistema que en mayor escala se está utilizado hoy en nuestro país y principalmente en el cultivo de la soja.  Y también está siendo hoy puesto en tela de juicio.

 

La otra postura ponía el acento en la toxicidad del Glifosato y su repercusión en la salud tanto de los productores como de los consumidores.  A esto habría que agregarle el impacto en el agua, en la tierra y todos los efectos nocivos directos e indirectos sobre el ecosistema que traen químicos tan tóxicos.

 

Intentando no dejar puntos importantes en ninguna de las dos posiciones, rescato el cuidado de la salud y el medio ambiente por un lado y la necesidad de grandes niveles de producción por el otro.  Estos dos puntos son importantes y no podemos dejarlos irresueltos.  En ninguna de las notas se planteaban alternativas realistas para la resolución del problema.  Tan solo el peligro de seguir con estas técnicas por un lado y el peligro también de dejar de utilizarlas por el otro.  Tan solo peligro.

 

Hoy es posible producir todo el alimento necesario sin tener que usar agentes químicos ni semillas transgénicas.  Técnicas para esto hay muchas, y todas probadas durante largos periodos en vastas zonas.  La razón por la cual no son usadas ni conocidas a gran escala es que no sirven a las grandes empresas porque no logran sacar de ellas grandes ganancias.  Estas técnicas son autosustentables, no requieren comprar semillas sino solo al comienzo.  No utilizan agentes químicos, e incluso pueden llevarse a cabo sin caros tractores ni grandes maquinarias.  Por esto pueden funcionar sin grandes créditos bancarios y evitar así endeudar a los productores. 

 

Pero estas técnicas no se enseñan en las universidades de agronomía ni se publican en los grandes medios de información masiva.  Y esto no es un error involuntario.  Estas universidades son muchas veces financiadas por empresas como Monsanto.  Y de estas universidades salen egresados que sin saberlo son agentes de estas empresas acrecentando sus ganancias, en la mayoría de los casos en forma gratuita, fomentando un desarrollo agrícola que es tóxico y destructivo a nivel ecológico y humano.  Estas empresas a la vez son dueñas, socias o tienen intereses comunes con los grandes medios de información que promueven estos tipos de cultivo, los defienden y omiten hablar de alternativas superadoras.  De esta manera los agrónomos terminan reproduciendo el sistema agroquímico sin plantearse siquiera si es el mejor o no, y si tiene consecuencias desfavorables en el medio y en la salud o asumiéndolos como un costo inevitable.  Es lo que aprendieron en la universidad y lo replican sin mayores miramientos.  Estas universidades terminan siendo alas de las multinacionales al ser financiadas constantemente por ellas.

Es preciso empezar a ver claro que este tipo de agricultura está orientada esencialmente a fomentar la ganancia económica y no la producción sustentable de alimentos.  El eje es ganar dinero y no alimentar a los pueblos.  Y este eje que en grandes ámbitos parece siniestro no deja de cruzarnos a cada uno de nosotros en pequeña escala en nuestra realidad cotidiana.  Tomar consciencia de esto es el primer paso para el cambio a nivel mundial.

 

El desconocimiento y la falta de interés son las bases que permiten que empresas como Monsanto diseñen y fomenten los sistemas agrícolas que imperan en el país y en gran parte del mundo.  Es necesario comenzar a ser agentes de cambio sobre algo que nos concierne a todos.  Entonces fomentemos nuestro interés y salgamos del crónico desconocimiento.

Un primer punto para plantearse es de dónde vienen nuestros alimentos y cuál es el costo a nivel social, ecológico y de salud que tiene la producción de estos.  El siguiente punto es empezar a investigar otros sistemas de agricultura que existen y que pueden suplir las necesidades actuales de alimento y materias primas.  Luego expresemos nuestro punto de vista.  Entre los conocidos, con cartas de lectores, mails generales, comprando en lugares que vendan productos ecológicos, no transgénicos, y así existen muchas forma de oponernos a este sistema actual que pasa desapercibido.

 

Para googlear un poco técnicas de cultivo de este tipo son la Biointensiva, la Permacultura, la agricultura natural de Fukuoka, la Biodinámica y otras que nos dan niveles de producción similares y a veces mayores a las conseguidas por las técnicas actuales con agroquímicos.  En ocasiones logran duplicar las cosechas por unidad de tierra.  Algunas de estas además mejoran los suelos que utilizan año a año y traen aparejadas beneficios en lugar de perjuicios.

 

Por suerte información acerca de lo que sucede y de opciones alternativas abunda en internet.  Mirando algunos documentales on-line y leyendo algunos textos podemos comenzar a tener una idea más realista y cabal del tema.  Les propongo hacerlo.

 

Creo en el cambio.  Un paraíso terrenal es posible.  Los recursos y los conocimientos están todos, solo falta que los utilicemos adecuadamente.

 

Por cualquier consulta o por información al respecto les dejo mi mail:

marin.gabriel@gmail.com

 

Gabriel R. Marín.

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