Conversaciones con Dios

27 03 2009

 

La semana pasada leí el libro “Conversaciones con Dios” de Neale Donald Walsch.

 

La idea es que el autor y Dios mantienen una conversación sobre una serie de temas, algunos muy actuales y otros existenciales, y el lector se encuentra con un Dios mucho más tratable que el aprendido desde chico, mucho más amoroso por lo comprensivo y flexible.

 

Si el lector (al menos me pasó a mí) puede abstraerse del planteo original del libro, que implica que el autor realmente esta conversando con Dios, y es Él quien responde, el libro es muy interesante: porque plantea un costado muy rico de la espiritualidad, que puede ayudarnos mucho personal y comunitariamente.

 

Puede ser un libro muy bueno para quien desee silencio, reflexión espiritual, o simplemente acercarse a Dios, y no desde la religión.

 

 

Transcribo un par de párrafos o frases:

 

“El Pensamiento mas Elevado es siempre aquel que encierra alegría. Las palabras más Claras son aquellas que encierran verdad. El Sentimiento más Grandioso es el llamado Amor.”

 

“Todos los actos humanos están motivados, a su nivel más profundo, por una de estas dos emociones: el temor ó el amor.”

“El temor es la energía que contrae, cierra, capta, huye, oculta, acumula y daña”

“El amor es la energía que expande, abre, emite, permaneces, revela, comparte y sana.”

 

“El secreto mas profundo es que la vida no es un proceso de descubrimiento, sino un proceso de creación.”

 

“Aquello a lo que te resistas, persistirá; aquello que mires, desaparecerá.”

 

“Vivir tu vida sin expectativas – sin la necesidad de obtener unos resultados determinados –: eso es la libertad.”

 

“Quien tenga oídos para oír, que oiga; pues te aseguro que, en el momento crítico de toda relación humana, solo hay una pregunta: ¿QUÉ HARÍA EL AMOR?

Conversaciones con Dios





Una sociedad apoyada en sus vínculos

26 03 2009

La semana pasada, ó quizás la anterior: once de la mañana. No me acuerdo que línea, pero estaba en el subte: una chica de unos 25 años sentada, y una señora de unos 65 parada frente a ella. La señora no era muy grande, ni vieja, ni parecía cansada ó enferma, solo era un poco mayor que la chica, podría haber sido su madre ó su abuela, ó la madre de alguna amiga.

Esta situación es muy común, y la verdad es que no tiene nada de especial.

Ahora, me imagino un cumpleaños, ó una reunión social. Supongamos que esas dos personas se conocen, o tiene amigos en común, y sé que eso no hubiese pasado: que si la chica estaba sentada y llegaba la señora, se hubiese levantado y le hubiese dado el asiento. Esto es obvio, no inventé nada.

Mi idea no es hablar de cortesía, de educación, ni de galantería, quiero reflexionar sobre los vínculos y la sociedad, porque siento que vivimos en una sociedad en donde los vínculos no existen, y eso se nota todo el tiempo, a cada paso. También sé que sería imposible conocer a todo el mundo.

Es obvio por como tratamos a la gente y como nos movemos en sociedad. Si conociésemos a quienes viven con nosotros no permitiríamos muchas cosas que terminan sin importarnos: como que le roben a alguien al lado nuestro, que alguien este pidiendo en la calle ó lo que es peor, saltar sobre un cuerpo en retiro para tomarnos el subte. (Me parece increíble lo que se queja la gente e insulta en los trenes cuando el servicio se demora por un suicida, de verdad que me parece fabuloso que no nos detengamos a pensar en la persona y si en la demora en llegar al trabajo o lo que sea) 

Avanzando un poco en este tema de los vínculos, incluyo otro pensamiento que no es invento mío: y se trata de pensar en que si los gobernantes nos conociesen a todos (supongamos en un poblado mas pequeño) sería mas difícil que nos roben, que mal administren o que la corrupción los corroa, ya que es mas obvio que están administrando nuestros recursos. Dije mas difícil y no imposible, porque casos de ladrones patológicos hay en todas partes.

En resumen, pienso que debemos volver a repensar la sociedad en base a vínculos, y fundamentalmente en base al AMOR, como punto de partida de las relaciones humanas.

 





Música y mensaje

21 03 2009





Las voces del desierto

11 03 2009

Me lo recomendaron mucho, quizás por eso no me volvió loco, es terrible como frustran las expectativas.

Este libro relata el viaje de una mujer por el desierto australiano, conviviendo con una tribu de aborígenes, donde aprende muchísimas cosas de un pueblo que viene viviendo apartado de la sociedad moderna hace muchísimo tiempo.

Mas allá de algunas aventuras interesantes, el libro trata sobre la experiencia muy rica en valores, personas, vínculos y rescata a la intuición como herramienta cotidiana para la toma de decisiones.

Lo recomiendo. Van a encontrarse con un libro muy fácil de leer, y por eso habría que tomarse el tiempo y disfrutar con cada capítulo.

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Crisis canallas

9 03 2009

La contratapa de Página 12 del sábado pasado es imperdible.

 Por Sandra Russo

“Los millones que Occidente está volcando para salvar sus instituciones financieras no sirven de nada frente a una crisis mucho mayor: hay mil millones de personas al borde de la muerte por inanición. Esa es la crisis verdaderamente grave, y ese dinero no hace nada por ellos. Curiosamente, no lo he leído en un periódico americano, sino en uno de Bangladesh.” Esto es blanco sobre negro. Es una reflexión que vertió el lingüista Noam Chomsky en una entrevista publicada esta semana en El País. Mil millones de famélicos no constituyen una crisis en el mundo global. La globalización los fabricó, los asimiló y los naturalizó. Los parámetros con los que se evalúa qué tal anda el mundo dejan afuera el hambre, mientras tiemblan con las hipotecas. Si a la situación actual se la define como crítica, es porque los que entraron en crisis son los incluidos. Los excluidos va de suyo que no deben soportar ninguna pérdida más que la de la propia vida, porque no tienen más que eso.

El diario El País, que hace tiempo se inclina a la derecha, presenta a Chomsky como “uno de los intelectuales más conocidos y mejor valorados fuera de su país”, pero también lo salpica con dos adjetivos poco inocentes: “sempiterno idealista”. De modo que lo que diga el autor de Los guardianes de la Libertad, entre tantas otras obras que desnudaron la manipulación capitalista del sujeto, será leído como el pensamiento de un idílico defensor de las causas perdidas.

Todavía trabajando en su vieja oficina del MIT (Massachusetts Institute of Technology), Chomsky acaba de cumplir sus 80. Aunque ya se jubiló, sigue yendo diariamente al Departamento de Filosofía y Lingüística, donde una foto de Bertrand Russell preside su despacho. Chomsky fue una de las pocas voces con reflejos para criticar el silencio del nuevo presidente norteamericano ante el primer conflicto internacional que hacía necesaria una posición: el ataque israelí a la Franja de Gaza. Pero como él mismo explica, a pesar de que Estados Unidos puede efectivamente ser considerado un país con una gran libertad de expresión, “la libertad tiene muchas dimensiones y otras formas de control, por ejemplo, a través del impacto de la concentración de capital. Por eso usted verá mis artículos en diarios de Johannesburgo, pero nunca en The New York Times”.

Este hombre que vive y piensa en Estados Unidos no es influyente en su país. El aparato mediático privado pero oficial se ocupa de que él escriba y diga lo que quiera, pero también de que esas opiniones queden en la esfera de los que desean lo imposible. Porque sostener que el mundo vive una crisis porque alberga a mil millones de hambrientos es, para ese aparato de poder, una tontería bienintencionada dicha por un “sempiterno idealista”, un dúo de palabras neutralizadoras que bajan de antemano la tensión de las palabras de Chomsky.

A nadie se le hubiera ocurrido tomar medidas drásticas contra el hambre. También es de pueriles y bienintencionados hablar de “seguridad alimentaria”, una noción que manejan los organismos internacionales como la FAO, pero que no operan sobre la realidad ni sobre los gobiernos. Mientras sean los excluidos los que pierdan la vida, no pasará nada. El problema es cuando los incluidos comienzan a perder sus bienes.

El periodista le comenta que para los políticos norteamericanos ya no es el terrorismo “la mayor amenaza mundial, sino la inestabilidad provocada por la crisis”. Y Chomsky replica qué sentido le dan los políticos norteamericanos a la palabra “estabilidad”: la subordinación a Estados Unidos. Quizá a eso se haya referido el jefe de la CIA cuando incluyó en su lista de países con riesgo de inestabilidad a Venezuela, Ecuador y la Argentina. “¿Qué ha hecho Obama para lidiar con la amenaza? Rodearse de gente que contribuyó a crear esta crisis, como Timothy Geithner, Laurence Summers, los banqueros, y encontrar una fórmula para rescatar el sistema que ellos mismos dominan y controlan.”

Otro cuadro cuelga en el despacho de Chomsky en el MIT: una imagen del ángel exterminador junto al salvadoreño cardenal Romero y los seis jesuitas que fueron asesinados con él en los ’80 por escuadrones de la muerte. “Uno de mis fracasos es que ningún norteamericano sepa qué significa ese cuadro.” Nunca lo sabrán. No saben lo que no les importa. No lo quieren saber. Así como los que en este país han reflotado el asunto de la pena de muerte. No quieren saber de la inseguridad de los otros, sólo de la propia y la de quienes se les parecen.

Esta semana, la farándula ha sido muy tenida en cuenta en los programas periodísticos. Moria Casán, Sandro, Carmen Barbieri y otros tantos con menos taquilla han salido a “sincerarse” y a “decir lo que piensa el pueblo” (como dijo Susana Giménez, a quien cuesta imaginársela sin atavío animal print y muchísimo más caminando por alguna calle de tierra). Moria Casán supo decir que no quiere ver pobres porque le descompensan la energía. Usan autos blindados y vidrios polarizados. No toleran que el barro salpique las burbujas de jabón líquido que son sus vidas. Pero, por lo visto, son perfectamente capaces de crear microclimas cuando los monopolios mediáticos abogan por el agite y por el “así no se puede seguir”.

El hambre sigue siendo un crimen todavía más flagrante en el país, cuya dirigencia rural es arengada por la oposición para que no acuerde, para que no pacte, para que no se calme. Hay crisis reales invisibles, y crisis talladas a la medida de unos cuantos canallas.