Hace unos días siento la necesidad de comentar la extraña sensación que tengo respecto al matrimonio presidencial, los Kirchner, en referencia a un aspecto fundamental, y muy nombrado en este tiempo: el diálogo y la negociación.
Se me presentan dos momentos inexplicables de los últimos años: el conflicto con Uruguay por las pasteras y la crisis con el campo. Ambas situaciones las he vivido con un dejo de impotencia, y no comprendo el modo hostil, negado, y hasta infantil de negociar. Me parece extraño que con tantos recursos, no puedan simplemente reunirse, conversar, ceder, acordar, y apuntar al bienestar común.
Pasó en la crisis con Uruguay, cuan fácil hubiese sido un llamado del presidente a su par Uruguayo, sentarse frente a frente y dialogar. Y en este caso lo mismo: que la presidenta puede convocar ella misma a las entidades rurales y conversar franca y amigablemente, sin intermediarios que lo único que parece que hacen es ensuciar la cancha.
¿Acaso los presidente no tienen teléfono? ¿Es una pérdida de poder mostrarse dispuestos a dialogar, a poner el cuerpo?
Impotencia, esa es mi sensación… como si necesitase decirles: son gente grande, conversen y acuerden… por el bien de todos, por el bien de ustedes.